Tantas veces humano eres

por Eslovaca

“Cuantos idiomas hablas, tantas veces eres humano,” es un dicho eslovaco que escuché muchas veces cuando era niña. Mis padres, los adultos en general y los profesores no se cansaban de repetirlo. Y yo, como es de suponer, no les hacía mucho caso, como casi todos los niños. Mi frase preferida era: “yo no tengo cabeza para los idiomas”. Por supuesto tuve un idioma obligatorio en la escuela: el ruso, porque mi país (antigua Checoslovaquia) era uno de los países comunistas. Después de la caída del comunismo en 1989 cambió todo. Yo era una jovencita que escuchaba música en inglés y por esa razón había empezado a estudiar inglés, que, para mi sorpresa, se me daba bien. Era mi tercer idioma aparte de mi lengua materna.

Un día, con muchas ganas de experimentar una aventura, me marché a Alemania. Pensaba que con el inglés me podía defender allí, pero por desgracia la realidad era otra. Al principio lo pasé muy mal, porque todos mis compañeros de trabajo hablaban solamente alemán y no tenía a nadie con quien hablar ni en mi idioma ni en inglés. El inglés lo estaba perdiendo porque no lo practicaba y el alemán no lo manejaba. Lo peor era cuando necesitaba arreglar algún permiso para trabajar o cuando iba al médico. Lo recuerdo como si fuera ayer, estaba en la Comisaría de policía con un montón de papeles en la mano sin la menor idea de como rellenarlos. Entonces me sentí como la última persona del mundo, desesperada y llena de rabia conmigo misma. La experiencia era tan fuerte para mí que mi mente estaba bloqueada, tanto, que no era capaz de aprender nada del idioma en el trabajo. Lo pasaba muy mal por mi jefa, porque el trato suyo no era el adecuado y yo no era capaz defenderme bien ya que estaba en una clara desventaja.

Volví a Eslovaquia con la mente rota por un tiempo y gracias a mi familia encontré otra vez la fuerza para volver a Alemania acompañada por mi hermano, que manejaba el alemán muy bien. Me sentía cómoda y, no sé cómo, poco a poco fui aprendiendo la lengua. Incluso tuve la suerte de encontrar un trabajo muy bueno con buena gente. En este trabajo después de un mes empecé a pensar en “alemán”. Entendía casi todo lo que me decían y era capaz comunicarme con ellos sin problemas. Fue una época de plenitud.

Entonces también conocí a un chico canario que me decía muchas cosas en español. A mí me encantaba escucharlo, aunque no tenía ni idea de lo que me estaba contando. Me cantaba las canciones de Alejandro Sanz y me las traducía. Me prometí que aprendería el español para poder entender todas las letras yo sola y poder comunicarme con él en su propio idioma.

Cumplí la promesa y ahora soy capaz de entender y hablar el español bastante bien. Es un idioma con el que me empiezo sentir cómoda. Conocer un idioma ayuda a entender mejor el carácter de la gente que lo habla. Ahora estoy aprendiendo otro idioma. Me acuerdo de la niña que decía que no tenía la cabeza para los idiomas y sonrío.

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