Voces del mundo #7 (Francia)

Por Francesa

Gran Canaria, o ¡cómo no me siento nunca más sola!

De nacionalidad francesa,  decidí con mi marido italiano mudarme a Gran Canaria para vivir. Vine sola con nuestros dos hijos de seis y dos años y medio en verano de 2015 hasta que mi marido se unió a nosotros un año después.

Gran Canaria representaba para nosotros un buen compromiso cultural entre Francia e Italia, combinando las ventajas de nuestros dos países sin los inconvenientes. Lo hemos resumido así : “Una zona europea (servicios, infraestructuras, tradición, apertura mental, con uso del euro etc…) con un cultura mediterránea casi suramericana, en un climat africano oceánico ideal”. El lugar para nosotros ideal para que crezcan nuestros hijos y vivir en armonía con nuestros valores.

Enseguida desde mi llegada me sentí “aceptada” y “ayudada” por los canarios en varias situaciones. Un ejemplo simpático y sorprendente fue en noviembre de 2015. Corriendo una mañana como todos los días con mi hijo pequeño en brazos para llevarlo al cole, aparqué en la zona verde donde hasta las 9 de la mañana no se paga.
Una vez dejado mi hijo, fui a un negocio chino, olvidándome del coche y del horario. Hasta que en un cierto punto se me acercó un canario de unos cincuenta y cinco años, hablándome deprisa. No entendí nada sino las palabras “coche”, “policía” y “pagado”; desapareció antes de que pudiera pedirle que repitiera más despacio.
Me quedé sorprendida y preocupada, pensé: “pasa algo con mi coche”. Volví al coche donde vi un ticket de aparcamiento sobre el parabrisas.

¡Este señor me había pagado el aparcamiento!

Non sabía quién era y tampoco como sabía de mí o que este era mi coche. ¿Cómo encontrarlo? Entré en todos los negocios de la zona hasta que lo encontré y pude agradecerlo. Me veía cada día, sola o con mi hija llevando o recogiendo corriendo al pequeño al colegio. Esa mañana estaba pasando la policía y para evitarme una multa, me pagó el aparcamiento y vino para avisarme.

Me quedé sorprendida y agradecida de tanta atención, humanidad desinteresada. Veía a una mujer sola,  liada con dos hijos y quería evitarme otras dificultades.

Fue una de las tantas personas que, desde que llegué a Las Palmas, me ayudó a no sentirme sola y a integrarme en esta nueva comunidad.

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