El mar #4

Por Laura Zoppo

Muchos momentos felices de mi vida están ligados al mar.

Los recuerdos más lejanos se remontan a cuando, de niña, solía veranear en un lugar marítimo. Y como si fuera hoy, evoco las risas y los chillidos de mis primas y primos, jugando conmigo en el mar, todos juntos. Así fue como, increíblemente, chapoteando y coqueteando entre las olas espumosas, logramos mantenernos a flote. Y luego nos lanzamos a nadar. Por supuesto, mis tías velaban por nosotros en todo momento. Además, uno de mis tíos organizaba pequeñas competiciones de natación de todos los estilos y planeaba diferentes entretenimientos y juegos que nos alegraban muchísimo, por ejemplo, la carrera de resistencia bajo el agua, sin respirar, etc.

Lo cierto es que a mí siempre me ha molestado el agua salada entrándome por la nariz y sigo sin soportarla. Sin embargo, nunca me he decidido a acudir a clases de natación, aunque sé que así podría superar esta y otras limitaciones. Quizás sea que me cuesta corregir esta actitud espontánea y jovial por la que, a la vez, amo y temo al mar.

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