Aires canarios #5 – Enrique

Por Vanessa Matuzzi

Enrique es moreno, tiene una cara asimétrica con rasgos fuertes y proporcionados, sus ojos son oscuros y grandes, su mirada es profunda y muy expresiva, hasta tal punto que sus ojos hablan más claramente que sus palabras. Solo cuando desvía la mirada deslumbra su timidez. Su nariz parece pintada para su belleza. Tiene labios carnosos y cuando se ríe su cara transmite alegría. Le gustan los chistes y siempre intenta buscar el lado bueno de las situaciones.

Enrique es una persona creativa a la que le gusta reutilizar y construir, todo lo que toca lo transforma, dándole una nueva vida. Siempre se las ingenia para arreglar las cosas estropeadas.

Su gran amor por sus islas canarias lo tiene marcado en su piel con tatuajes de símbolos aborígenes, de la diosa Tara y de su nombre guanche, elegido por él mismo. A Enrique le gusta hablar de los orígenes históricos de su tierra y lo hace con orgullo.

Sus movimientos son armoniosos y se le nota que está dotado de fuerza física, por eso a él le encanta practicar el salto del pastor canario, o el brinco canario, un juego del larga tradición canaria. Gracias a esta pasión puede disfrutar de la belleza de la naturaleza que ofrece el archipiélago.

Creo que puedo afirmar, tranquilamente, que Enrique es un canario canario.

Aires canarios #4 – Néstor

Por Chiara Nardi

Es muy delgado, moreno, no es feo, tampoco guapo, y está orgulloso de sus orígenes árabes. Esa delgadez, unida a su manera de hablar en voz bastante baja, le da un aspecto inocente, de una persona en la que se puede confiar. Trabaja con los animales, perros, arañas y reptiles, y le dice a todo el mundo que los ama; sin embargo, aunque yo  llevo muchos meses ayudándolo en una perrera, todavía no podría afirmar si los ama de verdad, o si principalmente actúa por su propia conveniencia. Va diciendo que lee mucho, pero no creo que quiera hacer suyos los conceptos más profundos con los que se encuentra. Ama la música, cosas muy modernas principalmente, que le gusta poner a quien esté en el coche con él.

No puede evitar llegar tarde, y dejar a la gente esperándolo, creo que esto es debido a su inmenso amor propio. Su lado oculto lo descubrí solo poco a poco, sobre todo gracias al cuento de una conocida mutua: es un gran mujeriego, y todo ocupa un segundo plano con respecto a su objetivo principal. Claramente, para conseguir lo que quiere, no ahorra en mentiras, y no tiene reparos en incumplir su palabra. Le encanta estar sumergido en la naturaleza, y la de Canarias no le basta; su sueño es mudarse a Costa Rica y gestionar un hospital para animales. Un sueño muy noble, útil también para una sucia finalidad… De hecho, le viene muy bien como excusa para poner fin a sus relaciones.

Aires canarios #3 – Paco

Por Thiago Aquino Gomes

Es canario. Murciano. Bueno, nació en Canarias pero vivió mucho en Murcia. Tiene eso del ceceo y usa el “vosotros”. A veces se confunde en la conjugación, pero es raro, … que pase. Me enseña mucho el español, la verdad, pues hablamos mucho. Él habla mucho. A veces no me deja hablar. A veces me corta. A veces me enfado. A veces le digo. A veces no.
Él también se enfada, tiene una vida dura. Cuida a su padre que tiene 86 años, casi 87, casi muerto. Lo ingresaron hace poco. Al padre. De hecho, Paco también es padre. Y un marido que fue traicionado, en Murcia. Y paga pensión. Sí que se enfada. No con la hija, a esa sí que la quiere mucho. La ve poco, pero la quiere. Seguro. Creo. Seguro.
Sus ojos oscuros casi no se notan, pues lo que más se nota son sus ojeras. Y la cara de cansancio le hace juego con su pelo gris. Pero es guapo. El pelo.
Paco, Paquito, tiene un gran corazón. El otro día, le dijo a un pobre que estaba en la puerta del mercado: “lo que quieras mi niño”.  Le costó 17,03 euros, o coma algo…
El gran Paco es bajo, pero es el típico bajo que no se nota que es bajo. Toca el bajo, pero eso se nota. Tiene muchos, bajos,  más de diez… Muchas notas.

Aires canarios #2 – Pino

Por Lara Tarr

Mi vecina Pino es la jefa del edificio en el que vivo. No es la presidente de la comunidad, pero sí ha asumido el rol de jefa durante sus treinta años viviendo ahí. Suele comunicarse dentro del edificio con un silbido, ya sea para mandar a alguien a cumplir con algún deber comunitario, o simplemente para comunicarle a su vecina que ya les toca la hora del café, que siempre toman sentadas en la escalera entre sus dos pisos.
No obstante, a la hora de llamar la atención a un pobre vecino por no haber cumplido con alguna norma del edificio, su silbido apremiante se convierte en un discurso largo de voz alta y brusca. Sin embargo, siempre le sale una sonrisa al final del monólogo, como si todo fuera una broma, y siempre termina de buen humor. Parece que sus ojos muy curiosos están por todos lados, y eso, junto a su aire mandón, puede hacerla parecer chismosa. Pero Pino es una mujer de muy buen corazón que siempre está dispuesta a ayudar, siempre saluda y suele contar chistes.
A pesar de su carácter fuerte y formidable, es una persona muy bajita, hasta minúscula, y normal, con el pelo corto y castaño. Suele llevar delantal encima de su ropa de calle con zapatillas, lo cual le da aire de ama de casa trabajadora. Tiene solo un rasgo físico que destaca más que su dedo del pie torcido a 90 grados: su sonrisa dulce y amable.

Aires canarios #1 – Fátima

Por Gloria Buzzi

Fátima tiene una cara exótica de rasgos suaves, su piel es dorada y tiene los ojos oscuros. Su mirada, dulce y sonriente, hace sentir que no hay nada de qué preocuparse y trasmite tranquilidad, aunque sospecho que su vida de madre soltera que trabaja y sale de casa antes del amanecer no debe ser tan fácil.
No conduce y se mueve principalmente caminando, con paso lento, pero firme.
Cuando habla con su voz baja que casi no se puede oír suele tocarse la larga melena negra, que siempre está en orden, no porque vaya cada semana a la peluquería,  sino simplemente porque su pelo es exactamente como ella, bello y armonioso por naturaleza.
Ríe silenciosamente, sin que apenas se puedan ver sus dientes blancos y rectos. Hablar con ella resulta un poco incómodo, porque una teme ser demasiado ruidosa para sus oídos.
A pesar de que su cara refleja una personalidad dócil, tiene autoridad natural y sus hijos la escuchan y obedecen como soldados.
Ama el rigor del norte de Europa, donde vivió muchos años y adonde aspira a volver algún día.

Gran Playa

Por Yuriko Ota

Hay un sitio al que me apetece ir algún mediodía para comer entre semana o bien el fin de semana; para comer sola o también con unos amigos para tomar algo y picar entre todos. El lugar que se llama “Gran Playa” y está en primera línea de Las Canteras.  Este sitio está siempre lleno de gente.
La cocina del restaurante no cierra durante todo el día así que el local abre para desayunar, comer, merendar y cenar, entre esas franjas horarias el local funciona como piscolabis.
El restaurante sirve los platos típicos de Gran Canaria y el resto de país, tales como papas arrugadas, pescado cocido, calamares saharianos, pimientos de padrón…
A parte de dichos platos típicos también ofrecen menú del día al mediodía  y
por la noche para cenar a un único precio, lo bueno de este menú es que se sirve los fines de semana igualmente, así que es ideal para una familia con niños, para parejas, amigos o para juntarse en un lugar familiar y simpático después de pasear por las Canteras, o simplemente a irse ahí directamente para comer cuando no tengamos ganas de cocinar, porque ahí sirven los platos de comida casera con un precio razonable y algunos son muy económicos, yo diría que podría comerse bien entre 10€ – 15€ por persona, así que el local permite comer bien a cualquier tipo de gente que se pasea por ahí.
El local es bastante pequeño con una zona de terraza y el personal muy dinámico y simpático con gran energía.
A mí me gusta mucho este restaurante y siempre se lo recomiendo a mis amigos y conocidos para que vayan o para juntarnos, pero hay ciertos consejos de mi parte a quien le interese ir ahí.
Hay que ir  sin prisa, sin nervio, con un poco de margen en tu mente, es decir no llegarse
con estado de muerta de hambre porque a veces te hacen esperar mucho si llegas a la hora justa de comer, pero vale la pena de esperar y calmarse hasta que te toque porque te llamarán tu número de papelito.
El restaurante tiene una palabra puesta en la pared diciendo que “Para comer bien, hay que saber esperar”, a veces es molesto que tengamos que esperar, sobre todo cuando tenemos mucha hambre o con mucha prisa pero tenemos que ser pacientes para conseguir una cosa buena que viene con alegría acompañada con una sonrisa.

Peccou de goa

Por Adriano Gilardone
El domingo mi mujer y yo fuimos al “Peccou de goa” un restaurante italiano, concretamente de Liguria. En Italia casi todos los restaurantes tienen comida de su propia región, o a veces de la misma ciudad, así que es impropio hablar de comida italiana y es mejor especificar la región.
La ubicación de esta pizzería está en pleno centro de la ciudad, en la calle Bernardo de la Torre. El sitio es pequeñito con apenas seis mesas, aunque hay una sala apartada poco usada que puede acoger hasta a quince clientes. Casi siempre hay poca gente a pesar del hecho de que la comida está superbuena.
La carta es variada e incluye, además de la pizza, pasta, carne y opciones veganas. La particularidad de este lugar es que todo es casero. Los ingredientes son de primera calidad y se nota la mano de un buen chef. Para los italianos es complicado comer en el extranjero porque no se fian tampoco de sus compatriotas. Somos un intransigentes en este sentido y comer para nosotros no es solo una necesitad sino un cosa más profunda, un estilo de vida. En cuaquier caso,  aquí se respira Italia y eso nos encanta.
Como entrantes pedimos una “Farinata”, una típica focaccia ligure hecha con harina de garbanzos y aceite de oliva. Se puede también pedir con la variante al gorgonzola, un queso producido en Lombardia y Piemonte que puede ser dulce o picante. Como nosotros comemos pizza no nos hemos interesado por las pastas, pero también las aconsejo. La sirven en platos de terracota para saborear mejor el gusto.
La pizza que pedimos era de harina integral y con masa madre y eso para nosotros es lo más importante porque se digiere mejor. La pizza se suele dividir en dos macro categorías: la napolitana y la no napolitana. La primera es más pequeña y más alta con el borde suave y mucho más pesada que la segunda, cuya consistencia yo prefiero. Aquí la hacen no napolitana con masa crujiente y borde ni alto ni bajo. El tomate, la mozzarella y el aceite, que son los ingredientes más importantes, son muy buenos. Yo pedí una con prosciutto crudo de Parma, un jamón más dulce y suave que el jamón serrano.
Para beber tienen varias etiquetas de vino y de cervezas italianas y canarias. Al final terminamos con un postre: el tiramisú. No era de una forma espectacular pero estaba bueno.
En general, fue una buena experiencia porque los chicos, una pareja, son muy amables. Una cocina de verdad italiana y es por eso que dos o tres veces al mes visitamos este lugar.

Restaurante bodegón Vandama: un entorno único en Gran Canaria

Por Maria Morena

El domingo – cansados del caos de la ciudad – decidimos disfrutar de la naturaleza de las medianías de Gran Canaria, sin alejarnos mucho de la ciudad.  Por eso, nos dirigimos hacia el Monte Lentiscal y elegimos el “Bodegón Vandama”, un restaurante rodeado de una preciosa finca de viñedos y naranjeros, en un pequeño valle volcánico dedicado a los cultivos.  El local, ubicado en una bodega bastante antigua, es muy bonito y acogedor tanto en el interior como en el exterior.  Dispone de dos amplias terrazas exteriores, de una sala interior con chimenea, diseñada en un antiguo establo, y de un coqueto jardín equipado con juguetes para los niños.

El menú es variado y no es fácil decidirse por un plato: evidentemente, su seña de identidad es la preparación de carne a la parrilla. No obstante, ofrece también alternativas que puedan ajustarse al paladar de los que prefieren no comer carne: desde entrantes vegetarianos a pastas y arroces, además de una amplia oferta de quesos a la parrilla. Cuenta, también, con vinos de cosecha propia.

Nos comimos un chuletón que se derretía en la boca, acompañado de guarniciones de verduras de producción propia asadas a la parrilla; y para acompañar, saboreamos un tempranillo compuesto por una mezcla de uvas listán negro, listán blanco y moscatel, que nos dejó encantados.  Nos hemos sentido fantásticamente atendidos en este bonito restaurante: el personal es amabilísimo, profesional y simpático; los productos son de calidad (algunos de ellos de la propia finca); el vino nos pareció fabuloso. Realmente vale la pena pasar un buen rato y dejarse mimar por el equipo.

En definitiva, servicio muy atento y comida de calidad con precios bastante razonables en justa relación con el nivel del restaurante; todo ello en un entorno único para quien desea alejarse del ruido de la ciudad.

Restaurante Copacabana

Por Thiago Aquino Gomes

En marzo, mi pareja y yo pasamos delante de un restaurante que llevaba la bandera de Brasil en su fachada, nos llamó mucho la atención y posteriormente, decidimos ir a conocerlo. Nos quedó curiosidad por saber si quienes lo llevaban eran brasileños y cómo sería comer la comida brasileña lejos de nuestro país.
El Copacabana está situado en la Calle Tomás Miller, a dos manzanas de la playa de Las Canteras, muy apropiado para comer y aprovechar para dar un paseíto.
Llegamos a las 14h para almorzar y aunque sea un sitio pequeño, había un par de mesas libres. Preguntamos si tenían trona para la niña y contestaron que sí. Para empezar, pedimos una caipiriña de limón y estaba muy rica. Eché un vistazo mientras la preparaban y vi que la marca de la “cachaça” que usan es la Velho Barreiro, que, pesar de no ser la mejor, es la de toda la vida.
Posteriormente pedimos el plato principal, pues en Brasil no se suelen pedir entrantes. Elegimos la tradicional “Feijoada” que son alubias, preparadas con carne de cerdo y ternera. También pedimos “Mandioca” (yuca) de guarnición, una ensalada y un refresco muy típico de guaraná.
La decoración no está mal, tienen las típicas fotos de motivos para recordar Brasil, como el Cristo Redentor de Río de Janeiro. Por otro lado, no me gustó mucho la música que sonaba, que era música brasileña, pero un género musical (el Pagode) que a mi no me gusta. Me hubiera encantado escuchar algo de Bossanova o MPB (Música Popular Brasileira).
En definitiva, la comida estaba muy rica y bien preparada, a un precio razonable. De la pareja que lleva el local, la mujer es brasileña y tienen muy buena atención al cliente. Una buena alternativa para quien quiera conocer la comida brasileña.

Il Segreto di Pulcinella, la mejor pizza en Las Palmas

Por Gloria Buzzi

El domingo pasado fui con mi familia a dar un paseo por Las Canteras y paramos para comer en nuestra pizzería favorita, Il Segreto di Pulcinella. Descubrimos este sitio hace un par de años y, desde entonces, cuando queremos una buena pizza, siempre vamos allí. Se encuentra a unos pasos de la Puntilla y, aunque el local sea bastante pequeño y no quepan más que 35 o 40 comensales, esperando un rato se puede comer también sin haber reservado.
El restaurante se asoma a una calle peatonal, donde hay una terraza con algunas mesas que, en mi opinión, son los mejores sitios porque dentro las sillas están muy pegadas, el espacio es muy estrecho y un poco incómodo cuando hay mucha gente.
Sin embargo, cuando entras vives la sensación de estar en un verdadero restaurante napolitano: las paredes están decoradas con imágenes partenopeas, hay un horno de leña a la vista y música italiana de los años 80 (a veces demasiado alta).
El servicio es rápido, a pesar de las pocas mesas hay muchos empleados tanto en sala como en cocina así que la espera no es muy larga. La pizza, cuya masa es fragante y ligera, representa el punto fuerte de este restaurante; no obstante, la carta ofrece una selección variada de platos preparados con pasta fresca, excelente pescado y quesos típicos campanos como la mozzarella de bufala.
Para terminar, es imprescindible saborear un buen postre casero, entre los que destacan la pastiera y el babá al ron, una suave delicia.
En definitiva, es un lugar sencillo, que quiere ofrecer a sus clientes una atmósfera relajada y una cocina que apunta a la autenticidad, sin buscar la innovación, sino una comida de calidad. Todo ello a un precio justo y más que razonable, sobretodo  si se compara a otros falsos restaurantes italianos de la ciudad. Indudablemente, recomiendo este restaurante.