Los Almácigos

Por Lara Tarr

Un amigo nos recomendó hace tiempo el restaurante Los Almácigos que se ubica en el barranco de Guayedra a la salida de Agaete hacia el sur de Gran Canaria. Cuando por fin nos tocó un fin de semana libre, fuimos allí a almorzar, y la verdad es que la experiencia superó nuestras expectativas.

La entrada del restaurante se encuentra escondida al borde de la carretera GC200, y enseguida se nota que forma parte de una finca ecológica. Mientras aparcamos, nos dieron la bienvenida unos pavos reales espectaculares. Ni siquiera pude sentarme en la mesa sin dar un paseo por el entorno mágico lleno de huertos y fuentes, todo ello con un aspecto muy natural. Nos sentamos en la terraza, muy bien decorada con sombrillas de paja, madera y toques de color, con vistas al majestuoso barranco de Guayedra que da al bosque de Tamadaba.

Lo que le falta a la carta en variedad de selección, lo gana en calidad. La carta se constituye principalmente en platos de carne y verduras, con una propuesta de ensaladas, croquetas y otras tapas para picar. El almogrote casero que pedimos de entrante nos pareció muy rico. No suelo pedir ensalada, pero la ensalada de la casa no nos decepcionó, resultando fresca con sus deliciosas frutas de temporada de la finca. Compartimos la enorme costilla de ternera como plato principal, acompañada por unas papas arrugadas y pimientas a la brasa. La carne estaba jugosa y tierna y las verduras sabrosas. Ya que estábamos celebrando un cumpleaños, había que dejar hueco para postres. Nos deleitamos probando la Sorpresa de chocolate que nos sorprendió con su riqueza casera.

En definitiva, con un servicio más que aceptable y una calidad de cocina muy alta, todo ello en un entorno encantador y tranquilo, Los Almácigos nos impresionó mucho. Sin lugar a dudas, la experiencia nos dejó con ganas de repetir, aunque los precios un poco altos podrían impedir que volvamos hasta la próxima vez que celebramos una ocasión especial.

Mi ciudad: Cabudare

Por Philip Stavenhagen

Cabudare es una ciudad pequeña cerca de Barquisimeto, Estado Lara en la zona Central Occidental de Venezuela. Tiene una población de aproximadamente unas  75.000 personas. Era el centro del cultivo de caña de azúcar la cual sería enviada al  centro azucarero El Tocuyo.

Todavía Cabudare tiene un mercado en las calles todos los miércoles y los sábados donde se puede comprar de todo: vegetales, frutas, carnes y pescados, quesos y ropa.

Es una ciudad importante para las artes porque tiene un Ateneo bastante grande donde se realizan muchas actividades culturales diversas artísticas, musicales y de danza.

La ciudad no es bonita, no hay casas históricas casi todas son “normales”,  nada especial. No hay centros comerciales, solamente supermercados, edificios de diez pisos y muchas urbanizaciones con seguridad (cerradas, con la entrada principal vigilada). Una cosa importante es que, como en todas las ciudades venezolanas, hay una plaza Bolívar, bastante bien cuidada, donde mucha gente se reúne y habla. La plaza Bolívar es, para mí, el centro de la ciudad porque siempre hay mucha vida y movimiento y cerca hay un árbol muy grande donde niños y adultos se reúnen pare hacer actividades del Ateneo, y el árbol es un  Laurel de la India, que tiene mucha sombra y es precioso.

Cabudare tiene carácter pero no se puede definir de dónde viene o cómo es.

Mi patria chica #18

Por Minna Piri

Los abedules a ambos lados del camino.
Salimos temprano de casa, mi hermana y yo, para llegar bien a tiempo.
Los lirios del valle huelen a este día en particular. Al último del colegio.
El aire se siente como un nuevo comienzo al que el verano nos llevará.
Y cuando nos encontremos de nuevo, después de dos meses, ya llegarán a la pizarra Mikko y Anna también, los chiquititos de la clase.
La profesora nos da una bolsita de caramelos a cada uno y un abrazo fuerte. ¡Que lo pasen bien!
El verde que nos rodea brota en miles de tonos. Para nosotros, la primavera solo existe un día, hoy. Mañana nos despertaremos en verano.
En el camino a casa hacemos el plan: montamos la caseta en el jardín y dormimos todo el verano ahí. Sí, ¡yupi! A ver si mamá nos deja. Le llevamos unos lirios del valle, por si acaso.
Nosotras dos caminando llenas de entusiasmo. El invierno está lejos atrás, el año ha dado otro giro, somos un año mayores que ayer. Los abedules se mueven en el viento fresco de primavera. Sus hojas balanceándose suavemente.
Ahora, 30 años después, lo veo, ahí está mi patria chica. En los recuerdos tan dulces como los caramelos del fin de curso.
Ahí los abedules siguen balanceándose, los lirios del valle siguen oliendo y el mismo camino está pegado a la tierra como un tronco. No desaparecen.

Restaurante biocrepería “El Risco Caído”

Por Sulaco 62

Entrando en Artenara, pequeño pueblo en la cumbre de Gran Canaria, justo en la carretera que lleva al parque Tamadaba, encontramos el restaurante biocrepería “El Risco Caído”.

Los dos propietarios, Neus y Sergio, una pareja de mediana edad, llevan desde unos años este pequeño paraíso culinario, donde los ingredientes estrictamente biológicos y ecológicos se unen para dar delicia al paladar de los visitantes de la zona.

Al subir unos pocos escalones, se nos presenta Sergio, que con amabilidad y con su voz tan calmada, después de habernos sentado, nos presenta el menú del día, que todos los días es diferente y depende siempre de los productos cosechados el día anterior.

Aunque no sea fácil decidir entre la variedad de sabores, los consejos de Sergio ayudan a elegir lo mejor para el propio gusto.

Y aquí empieza la magia, entra en juego la segunda y no menos importante protagonista de nuestra historia, Neus la chef, que prepara con productos locales y de temporada, deliciosos crepes salados y dulces, veganos o vegetarianos, dependiendo del paladar, como primer plato, con recetas imaginativas y muy sabrosas.

Los entrantes, normalmente sopas, frías estilo gazpacho en verano y calientes en invierno, preparan el estómago a los siguientes platos con suavidad y delicia y todo siempre acompañado por bebidas biológicas como la limonada natural con semillas de maracuyá.

Claramente necesitamos dejar espacio a una extensa variedad de postres exclusivamente naturales y biológicos, sin dejar de lado los crepes dulces, con chocolate casero y naranja amarga, o el de nueces tostadas y miel.

Un último pero útil consejo, reservar no es necesario pero se agradece, también porque poder sentarse en la terraza con vistas a la montaña y disfrutar de la brisa y de la tranquilidad del lugar, no tiene precio.

450º, Pizzería típica napolitana

Por Chiara Nardi

Con muchos meses de retraso con respecto a la fecha establecida, finalmente en julio abrió esta pintoresca pizzería en Guanarteme, y puedo afirmar que valió la pena ser una de las primeras clientes.

El pizzero principal, Antonio, que es también uno de los propietarios, era uno de los socios de “El secreto de Pulcinella”. Entonces, quien haya comido alguna vez allá, ya podrá imaginarse el nivel de la pizza. No obstante, esta no es la única especialidad.

La primera particularidad que enseguida llama la atención, entrando en el comedor, es un gran árbol en el centro; debajo de sus ramas están colocadas todas las mesas rústicas, de madera, de estilo vintage. Esto crea un efecto muy agradable, y da la sensación de estar al abierto, en una de las tabernas típicas de la costa de Sorrento. El horno de leña y la cocina están separados del salón solo por una gran cristalera, con lo cual, claramente, se puede ver todo lo que los pizzeros y los cocineros están haciendo.

La pizza es obviamente el plato principal; la masa es suave, bien trabajada y fermentada, y los ingredientes utilizados para aliñarla son todos de primera calidad. De todas formas, la carta ofrece también primeros, segundos y entrantes característicos de la costa de Campania. Para acompañar, se puede escoger entre varias cervezas y vinos, y, para terminar, los postres, todos frescos y sabrosos, merecen ser probados.

El trato del servicio es familiar, y se pueden personalizar las pizzas como se quiera, sin tener el temor de molestar a los camareros; muy probablemente Antonio vendrá a la mesa a interesarse por cómo está yendo la comida. Es un chico muy listo y amable, se le puede pedir cualquier información, ya sea sobre el restaurante, la pizza, la isla o su experiencia de vida, que es muy entretenida.

Puedo concluir, sin duda, recomendándola. Se encuentra en Calle Almansa, por lo que, para quemar las calorías de estos platos tan ricos, se puede dar un largo paseo por la cercana y sugestiva Playa de la Cícer.

Mi patria chica #17

Por Monique Weberink – van Kluiven

Mi patria chica es la biblioteca de mi padre…
Me ha dado tranquilidad y me ha estimulado a irme y descubrir el mundo.
Me ha enseñado a no temer la realidad porque siempre está la imaginación.
Me ha dado la oportunidad de transportarme a través de mi mente a otros lugares, culturas y mundos.
Me ha dado un lugar donde esconderme y sentirme feliz y segura.

Mi patria chica #16

Por Grecco Antoniewicz

¿Dónde estás?
Mi corazón roto, las pupilas dilatadas, la vista fija, quieta, sin palabras…
¿Dónde te has metido?
Tantas pisadas por el mundo entero dejando las huellas por si huele a mi soledad.
Si eres femenina, pienso que te quería, aunque ese sentimiento a menudo se aleja en el tiempo.
Tu masculinidad me hizo la cáscara arrugada y dura. Me convierte en un personaje que no quiere quererte por tu caradura.
Pequeña o grande, sin importar el tamaño, apareciste en mi vida para acompañarme, pero me echaste a patadas en plena primavera.
Desde aquel verano ya me rodea tu compañera, dando saltos en la tierra lejana.
Me habla, me escucha, seca mis lágrimas… cuando tú callada, de nuevo me atacas e insultas.
Solo quieres que te sirvan, los pilares son la obediencia y una especie de tortura.
A la gente como yo se le acusa por no poder cumplir tus absurdos mandados.
Mi patria chica rodeada de las alas alegres me invitó hace ya varios años con la mente abierta y con la flor en la mano.
¿Envidias mi nueva amante?
No te odio, ni te siento. Se terminó nuestro romance.
Mi patria empieza con la H.
Y tú enfadada por perder a un esclavo, que simplemente quiere vivir digno y libre de lo que hace.