Una reflexión sobre dos lenguas

Por Martyman

Esta es una reflexión poco científica o, en realidad, una comparación entre dos lenguas muy ricas, pero muy diferentes. No hay que tomarlo muy en serio. Después de haber estudiado el español durante muchos años, por fin he comprendido porqué los españoles hablan tan rápido. Y es que tienen que decir dos veces más palabras que los finlandeses para poder expresar la misma cosa. Es realmente gracioso. Si no me crees, mira:
Yo estoy conduciendo mi coche en la autopista (8) =Ajan autoani moottoritiellä (3)
Yo estoy en la casa de mi madre (8) =Olen äitini talossa (3).

Todo esto en finés

¿Cómo es esto posible? Es que en finés los sustantivos no tienen género y muchas preposiciones o el genitivo se expresan añadiendo la terminación del genitivo en el sustantivo, por ejemplo: el coche =auto, mi coche =autoni.

En muchos idiomas hay palabras que tienen un significado diferente dependiendo del contexto en el que se utiliza. Por ejemplo, en español ”fuera”, ”banco”, ”sierra”, ”mango”, etc . En finés la palabra ”kuusi” puede significar ‘abeto’, ‘tu luna’, ‘el número seis’, y la palabra ”palaa”, significa ‘regresan’, ‘piezas’ o ‘en llamas’. Es fácil, si sabes de qué estás hablando, puedes elegir la palabra correcta.

Español                                   Finés

El abeto está en llamas = Kuusi palaa
El abeto vuelve = Kuusi palaa
El número seis está en llamas = Kuusi palaa
El número seis vuelve = Kuusi palaa
Seis de ellos regresan = Kuusi palaa
Tu luna está en llamas = Kuusi palaa
Tu luna vuelve = Kuusi palaa
Seis piezas = Kuusi palaa

Mi español #3 (M. R. Británica)

Ojalá pudiera hablar de tal manera que honrase ese idioma tan rico y tan bello, el español.  Sin embargo, aunque tengo mucho interés y me encantan tanto la logística como las peculiaridades de los idiomas, me cuesta. De todas formas, lograr expresarme y ser entendida son retos que estoy empeñada en conseguir, tarde o temprano, ya que he dejado pasar mucho tiempo sin intentar remediar la situación.

Hoy en día,  la ilusión que tengo por perfeccionar el español se debe en primer lugar, a que mi vida está aquí y me gustaría vivirla más a fondo, lo que requiere estar mucho más integrada. En segundo lugar, como una de las mejores formas de mantener el cerebro activo es a través del aprendizaje de un idioma, me parece un propósito importante y oportuno. Como muy acertadamente se dice en inglés “use it or lose it” (lo que no se usa, se pierde). En tercer lugar, el dominio del idioma y la soltura me podrían abrir puertas en cuanto a otros estudios o actividades el día de mañana cuando me jubile por completo.

Sin duda, sumergirse  tanto como se pueda en la sociedad y la cultura sería la forma más fácil de adquirir una buena gramática, una buena pronunciación y un amplio vocabulario lleno de todas esas expresiones y palabras coloquiales que tienen tanta importancia y que dan un sabor especial. A pesar de hacer hincapié en este punto, no lo he puesto mucho en práctica  por varias razones. En particular por el entorno en el que vivo. A ver si cambio esto, en cuanto pueda.

Además, tengo la manía de ver o escuchar la televisión, la radio o internet casi siempre en su versión original, que suele ser en inglés y me chifla escuchar diferentes acentos e idiomas, los  que sean, el inglés australiano o canadiense, el sueco, el italiano, el japonés, etc. Por lo tanto soy mi peor enemiga en cuanto a la escucha. Es que suena tan raro escuchar, por ejemplo, a Brad Pitt, Helen Mirren, George Clooney o Ken Watanabe, doblados al español, pero de ahora en adelante me esforzaré por escucharlo todo, bueno casi todo,  en castellano.

Por cierto, ¿sabían que según el idioma que se hable se utilizan músculos faciales diferentes?  Por eso, me parece que para algunas personas, yo la primera, nos es difícil conseguir una buena pronunciación, una que sea comprensible. Realmente es lógico porque todos los músculos hay que entrenarlos y fortalecerlos. Así, como no practico mucho y encima no tengo buen oído, mal asunto. ¡Ay, ay, ay!

En conclusión, si pretenden hablar español bien, hagan todo lo contrario en cuanto a estos últimos puntos.

Dicho esto, repito lo que dije al principio. Mis objetivos principales son los de expresarme mejor y que me entiendan. Voy a aplicarme e intentar seguir mis propios consejos,  y por consiguiente expresarme como una auténtica española en mi próximo blog, o sea cuando las ranas críen pelo.

Mi español #2 (KCS)

Vivo en España desde hace trece años. Mi primer contacto con el idioma español se produjo cuando era muy niña en un pequeño municipio de Mato Grosso en Brasil donde mi abuelo tenía un  chiringuito y recibía a turistas extranjeros hispanos vecinos de Brasil que iban a visitar el Pantanal Matrogrossense, una parte de la naturaleza amazónica que brinda mi provincia de rica fauna y flora.

Cuando llegué a España, en los primeros días me entró la desesperación porque quería que me entendieran hablando portugués. Apenas me entendían en algunas palabras, al parecerse las dos lenguas. ¡Me puse las pilas sobre la marcha! Empecé a leer los periodicos, a ver los telediarios, documentales de Historia  y de cultura española, tertulias políticas y prensa amarilla, todo eso me ha ayudado muchísimo, y a los cinco meses más o menos, ya me defendía bien hablando español y ya hablaba tranquilamente con gente desconocida.

Pero lo que más me ayudó fue presentarme al acceso a la universidad para estudiar Derecho. Ahora estoy en tercer año ya que no me convalidaron los estudios universitarios realizados en Brasil, solo los secundarios.

Es cierto que se necesita motivación para estudiar un idioma; en mi caso en concreto fue  la necesidad de estar segura de que me entiendan cuando hablo, y poder terminar mis estudios escribiendo correctamente el español.

 

Mi español #1 (MVS)

Después de haberme trasladado a Las Palmas, me soprendió que no fuera posible comunicarme con los canarios en cualquier otro idioma que no fuera español. “¿Hablas inglés?” ”¡No no, muy poco, lo he olvidado todo!”. Una de las primeras cosas extrañas que oí aquí fue que mis amigos gritaban ”pío, pío” en el partido de fútbol de UD Las Palmas.

Entonces, después de haber estudiado tres idiomas extranjeros tenía que volver a un pupitre. Me dijeron, como consolándome, que sería fácil. ¡Dios Mío! Pronombres relativos y subjuntivo sonaban como si fueran de otro planeta. ¿Qué demonios? Siempre, hablando muchas lenguas, me las he arreglado bien sin el subjuntivo determinando una posibilidad o una inseguridad. Tampoco hay artículos determinando el género en mi lengua. ¡Jajaja!

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Confiaba en que esta lengua romance encontraría su camino en mi cerebro como todos los idiomas que hablo: el finés, el sueco, el inglés y el alemán. El idioma ugrofinés de mi país es pequeño y sólo 5 millones de personas lo utilizan. En el español no hay nada parecido; en finés ”Pera” no es una fruta, es un nombre de hombre muy popular. ”Ajo” significa “conducción” en finés y “pala” es “trozo”. Pero no creo que los idiomas estén totalmente aislados: ¡”tomate” en finés se dice “tomaatti”!

Como aficionado apasionado de la música siempre he sabido que la música es un aliado para practicar de un modo entretenido las distintas áreas cognitivas de una lengua extranjera. Doris Day y José Feliciano cantaron “Qué será” y John Lennon escibió en su canción “¿Qué pasa Nueva York?”. Yo no tenía ninguna idea. ¿Qué es esto? Está claro que después de la comprensión las letras españolas, he vivido nuevas experiencias en la música.

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Hemos aprendido mucho de español en la EOI, aunque el sistema de enseñanza es muy diferente que en mi país. No creo que pueda valorar su eficacia, especialmente en una escuela tan internacional como la EOI. Pero, después de todo, lo que más me importa es que alcancé mi objetivo: si pudiera usar las formas diferentes del subjuntivo y además poner algunos pronombres relativos en mis frases sería feliz. ¡Gracias a Beatriz, a Eva y a la EOI!

De la torre a los puentes

Por Beatriz González Ramírez

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Un año más, como profesora del nivel Básico de Español/LE me contemplo ante el asombro de conjugar el verbo ser como un acto fundacional, observada por personas de múltiples procedencias y culturas que oyen sonidos nuevos y se encuentran ante la aventura de aprender a nombrar el mundo y revisarse a sí mismos con otro idioma.
Empieza la fiesta de gestos, esfuerzos y palabras. Innumerables puentes de sentido comienzan a tenderse en el aula: desde mí hacia ellos, desde ellos hacia mí, desde cada uno de ellos hacia los demás.
La situación comunicativa que se genera en un aula de español para extranjeros principiantes de diferentes nacionalidades es de una complejidad y riqueza extraordinarias y pone en marcha una ingeniería ancestral y sofistacada a un tiempo: deshacer piedra a piedra la Torre de Babel y reutilizar dichas piedras para construir todos los puentes.

Idiomas, un mundo fascinante

por Matrioschka

Aprender idiomas es mi hobby. El primer idioma extranjero que aprendí fue el inglés. Cuando tenía cuatro años mis padres me regalaron un libro de inglés para niños. Era un libro muy divertido con versos cortos y fáciles de memorizar y me hacía mucha gracia recitarlos. Luego fui a un colegio especializado en inglés y le cogí el gusto tanto que seguí estudiándolo en la universidad. Como para mi carrera era obligatorio escoger un segundo idioma, mi intención era empezar con el español, pero no fue posible y al final opté por el alemán. Aunque al principio me pareció un inmenso rompecabezas, poco a poco se fue resolviendo y ahora manejo el alemán muy bien.

El deseo de aprender español fue una de las razones por las que decidí instalarme en Canarias. Por lo tanto, lo estoy aprendiendo no por obligación, sino porque tengo mucho interés por la cultura hispana, desde la historia, la literatura, la música y el cine hasta la gastronomía y el baile. Saber hablar español me permite entrar en contacto con personas nativas y así conocer otro tipo de pensamiento y, por ejemplo, entender chistes que no se pueden traducir. Desde mi punto de vista, el dominio de un idioma va más allá de una acumulación de palabras y estructuras gramaticales. Lo más difícil y fascinante es llegar a interiorizar un idioma con todos sus matices hasta poder jugar con él.

Lo curioso es que antes de empezar a aprender español tenía las lenguas bien separadas en el cerebro y no me costaba cambiar entre ellas. Ahora todo se me mezcla de tal modo que a veces ni siquiera encuentro la forma de decir algo en mi lengua materna. Como mi marido también sabe varios idiomas, hablamos en un popurrí de lenguas eligiendo las palabras y frases que nos parezcan más apropiadas. Muchas veces la gente me pregunta en qué idioma pienso. Aunque esto depende de la situación y de lo que esté pensando, resulta que a la hora de pensar no mezclo los idiomas tanto como a la hora de hablar, lo que me da la esperanza de restablecer el orden en mi cabeza. La sensación más rara que jamás he tenido es saber perfectamente lo que quiero decir y no poder expresarlo en ningún idioma.

Estoy convencida de que saber una lengua diferente a la nativa es algo muy enriquecedor. Pero a pesar de que me gustaría aprender más idiomas, prefiero perfeccionar mi español y conseguir así manejar cuatro idiomas sin ninguna dificultad. En general, creo que una lengua -sea materna o no- se aprende durante toda la vida, ya que los idiomas reflejan el mundo y siempre cambian adaptándose a una nueva realidad.

Tantas veces humano eres

por Eslovaca

“Cuantos idiomas hablas, tantas veces eres humano,” es un dicho eslovaco que escuché muchas veces cuando era niña. Mis padres, los adultos en general y los profesores no se cansaban de repetirlo. Y yo, como es de suponer, no les hacía mucho caso, como casi todos los niños. Mi frase preferida era: “yo no tengo cabeza para los idiomas”. Por supuesto tuve un idioma obligatorio en la escuela: el ruso, porque mi país (antigua Checoslovaquia) era uno de los países comunistas. Después de la caída del comunismo en 1989 cambió todo. Yo era una jovencita que escuchaba música en inglés y por esa razón había empezado a estudiar inglés, que, para mi sorpresa, se me daba bien. Era mi tercer idioma aparte de mi lengua materna.

Un día, con muchas ganas de experimentar una aventura, me marché a Alemania. Pensaba que con el inglés me podía defender allí, pero por desgracia la realidad era otra. Al principio lo pasé muy mal, porque todos mis compañeros de trabajo hablaban solamente alemán y no tenía a nadie con quien hablar ni en mi idioma ni en inglés. El inglés lo estaba perdiendo porque no lo practicaba y el alemán no lo manejaba. Lo peor era cuando necesitaba arreglar algún permiso para trabajar o cuando iba al médico. Lo recuerdo como si fuera ayer, estaba en la Comisaría de policía con un montón de papeles en la mano sin la menor idea de como rellenarlos. Entonces me sentí como la última persona del mundo, desesperada y llena de rabia conmigo misma. La experiencia era tan fuerte para mí que mi mente estaba bloqueada, tanto, que no era capaz de aprender nada del idioma en el trabajo. Lo pasaba muy mal por mi jefa, porque el trato suyo no era el adecuado y yo no era capaz defenderme bien ya que estaba en una clara desventaja.

Volví a Eslovaquia con la mente rota por un tiempo y gracias a mi familia encontré otra vez la fuerza para volver a Alemania acompañada por mi hermano, que manejaba el alemán muy bien. Me sentía cómoda y, no sé cómo, poco a poco fui aprendiendo la lengua. Incluso tuve la suerte de encontrar un trabajo muy bueno con buena gente. En este trabajo después de un mes empecé a pensar en “alemán”. Entendía casi todo lo que me decían y era capaz comunicarme con ellos sin problemas. Fue una época de plenitud.

Entonces también conocí a un chico canario que me decía muchas cosas en español. A mí me encantaba escucharlo, aunque no tenía ni idea de lo que me estaba contando. Me cantaba las canciones de Alejandro Sanz y me las traducía. Me prometí que aprendería el español para poder entender todas las letras yo sola y poder comunicarme con él en su propio idioma.

Cumplí la promesa y ahora soy capaz de entender y hablar el español bastante bien. Es un idioma con el que me empiezo sentir cómoda. Conocer un idioma ayuda a entender mejor el carácter de la gente que lo habla. Ahora estoy aprendiendo otro idioma. Me acuerdo de la niña que decía que no tenía la cabeza para los idiomas y sonrío.