Aires canarios #6 – Un canario comprometido

Por Maria Morena

Su mirada es intensa, franca e incisiva; sus facciones, marcadas y fuertes; sus movimientos, armoniosos y elegantes. Su aspecto parece hablar de su personalidad. Es una persona abierta, generosa, altruista hasta el punto de olvidarse de sí mismo. Con él se puede hablar de todo, siempre tiene tiempo para ayudar, aunque sea solo escuchando.

Tiene una relación muy fuerte con su tierra de origen, Gran Canaria, y con su gente. Ama intensamente la tierra donde nació, y sufre íntimamente los destrozos realizados para favorecer las actividades turísticas. Se acalora contando cómo era Gran Canaria antes de que las familias “nobles y ricas” que la habitaban, con la complicidad de la dictatura franquista, se dedicaran a transformar el sur de la isla en lo que se ha convertido hoy: un frío y poco acogedor conglomerado de apartamentos y hoteles que conviven con amplios centros comerciales, repletos de tiendas y locales de ocio… Todo esto a expensas de los canarios que allí vivían, gestionando fincas que llegaban hacia el mar, expulsados de su tierra y obligados a sobrevivir trabajando en la nueva realidad que se les iba imponiendo.

Este hombre está muy orgulloso de sus orígenes canarios. Se le ve la tristeza en la mirada cuando cuenta de los sacrificios que la población tuvo que hacer para librarse de la pobreza y de la opresión de la dictadura. Al mismo tiempo, se le llena la cara de satisfacción cuando habla de la atávica amabilidad de los canarios, de los éxitos que consiguieron a pesar de todas las dificultades encontradas.

Era solo un niño cuando todo su mundo fue cambiando bajo su ingenua mirada. Al ver tanta prepotencia, sufrimiento, injusticia y opresión y, por otro lado, tanta resiliencia, decidió dedicar su vida a ayudar a los más desfavorecidos, actividad que todavía ocupa todas sus energías a día de hoy.

Aires canarios #5 – Enrique

Por Vanessa Matuzzi

Enrique es moreno, tiene una cara asimétrica con rasgos fuertes y proporcionados, sus ojos son oscuros y grandes, su mirada es profunda y muy expresiva, hasta tal punto que sus ojos hablan más claramente que sus palabras. Solo cuando desvía la mirada deslumbra su timidez. Su nariz parece pintada para su belleza. Tiene labios carnosos y cuando se ríe su cara transmite alegría. Le gustan los chistes y siempre intenta buscar el lado bueno de las situaciones.

Enrique es una persona creativa a la que le gusta reutilizar y construir, todo lo que toca lo transforma, dándole una nueva vida. Siempre se las ingenia para arreglar las cosas estropeadas.

Su gran amor por sus islas canarias lo tiene marcado en su piel con tatuajes de símbolos aborígenes, de la diosa Tara y de su nombre guanche, elegido por él mismo. A Enrique le gusta hablar de los orígenes históricos de su tierra y lo hace con orgullo.

Sus movimientos son armoniosos y se le nota que está dotado de fuerza física, por eso a él le encanta practicar el salto del pastor canario, o el brinco canario, un juego del larga tradición canaria. Gracias a esta pasión puede disfrutar de la belleza de la naturaleza que ofrece el archipiélago.

Creo que puedo afirmar, tranquilamente, que Enrique es un canario canario.

Aires canarios #4 – Néstor

Por Chiara Nardi

Es muy delgado, moreno, no es feo, tampoco guapo, y está orgulloso de sus orígenes árabes. Esa delgadez, unida a su manera de hablar en voz bastante baja, le da un aspecto inocente, de una persona en la que se puede confiar. Trabaja con los animales, perros, arañas y reptiles, y le dice a todo el mundo que los ama; sin embargo, aunque yo  llevo muchos meses ayudándolo en una perrera, todavía no podría afirmar si los ama de verdad, o si principalmente actúa por su propia conveniencia. Va diciendo que lee mucho, pero no creo que quiera hacer suyos los conceptos más profundos con los que se encuentra. Ama la música, cosas muy modernas principalmente, que le gusta poner a quien esté en el coche con él.

No puede evitar llegar tarde, y dejar a la gente esperándolo, creo que esto es debido a su inmenso amor propio. Su lado oculto lo descubrí solo poco a poco, sobre todo gracias al cuento de una conocida mutua: es un gran mujeriego, y todo ocupa un segundo plano con respecto a su objetivo principal. Claramente, para conseguir lo que quiere, no ahorra en mentiras, y no tiene reparos en incumplir su palabra. Le encanta estar sumergido en la naturaleza, y la de Canarias no le basta; su sueño es mudarse a Costa Rica y gestionar un hospital para animales. Un sueño muy noble, útil también para una sucia finalidad… De hecho, le viene muy bien como excusa para poner fin a sus relaciones.

Aires canarios #3 – Paco

Por Thiago Aquino Gomes

Es canario. Murciano. Bueno, nació en Canarias pero vivió mucho en Murcia. Tiene eso del ceceo y usa el «vosotros». A veces se confunde en la conjugación, pero es raro, … que pase. Me enseña mucho el español, la verdad, pues hablamos mucho. Él habla mucho. A veces no me deja hablar. A veces me corta. A veces me enfado. A veces le digo. A veces no.
Él también se enfada, tiene una vida dura. Cuida a su padre que tiene 86 años, casi 87, casi muerto. Lo ingresaron hace poco. Al padre. De hecho, Paco también es padre. Y un marido que fue traicionado, en Murcia. Y paga pensión. Sí que se enfada. No con la hija, a esa sí que la quiere mucho. La ve poco, pero la quiere. Seguro. Creo. Seguro.
Sus ojos oscuros casi no se notan, pues lo que más se nota son sus ojeras. Y la cara de cansancio le hace juego con su pelo gris. Pero es guapo. El pelo.
Paco, Paquito, tiene un gran corazón. El otro día, le dijo a un pobre que estaba en la puerta del mercado: «lo que quieras mi niño».  Le costó 17,03 euros, o coma algo…
El gran Paco es bajo, pero es el típico bajo que no se nota que es bajo. Toca el bajo, pero eso se nota. Tiene muchos, bajos,  más de diez… Muchas notas.

Aires canarios #2 – Pino

Por Lara Tarr

Mi vecina Pino es la jefa del edificio en el que vivo. No es la presidente de la comunidad, pero sí ha asumido el rol de jefa durante sus treinta años viviendo ahí. Suele comunicarse dentro del edificio con un silbido, ya sea para mandar a alguien a cumplir con algún deber comunitario, o simplemente para comunicarle a su vecina que ya les toca la hora del café, que siempre toman sentadas en la escalera entre sus dos pisos.
No obstante, a la hora de llamar la atención a un pobre vecino por no haber cumplido con alguna norma del edificio, su silbido apremiante se convierte en un discurso largo de voz alta y brusca. Sin embargo, siempre le sale una sonrisa al final del monólogo, como si todo fuera una broma, y siempre termina de buen humor. Parece que sus ojos muy curiosos están por todos lados, y eso, junto a su aire mandón, puede hacerla parecer chismosa. Pero Pino es una mujer de muy buen corazón que siempre está dispuesta a ayudar, siempre saluda y suele contar chistes.
A pesar de su carácter fuerte y formidable, es una persona muy bajita, hasta minúscula, y normal, con el pelo corto y castaño. Suele llevar delantal encima de su ropa de calle con zapatillas, lo cual le da aire de ama de casa trabajadora. Tiene solo un rasgo físico que destaca más que su dedo del pie torcido a 90 grados: su sonrisa dulce y amable.

Aires canarios #1 – Fátima

Por Gloria Buzzi

Fátima tiene una cara exótica de rasgos suaves, su piel es dorada y tiene los ojos oscuros. Su mirada, dulce y sonriente, hace sentir que no hay nada de qué preocuparse y trasmite tranquilidad, aunque sospecho que su vida de madre soltera que trabaja y sale de casa antes del amanecer no debe ser tan fácil.
No conduce y se mueve principalmente caminando, con paso lento, pero firme.
Cuando habla con su voz baja que casi no se puede oír suele tocarse la larga melena negra, que siempre está en orden, no porque vaya cada semana a la peluquería,  sino simplemente porque su pelo es exactamente como ella, bello y armonioso por naturaleza.
Ríe silenciosamente, sin que apenas se puedan ver sus dientes blancos y rectos. Hablar con ella resulta un poco incómodo, porque una teme ser demasiado ruidosa para sus oídos.
A pesar de que su cara refleja una personalidad dócil, tiene autoridad natural y sus hijos la escuchan y obedecen como soldados.
Ama el rigor del norte de Europa, donde vivió muchos años y adonde aspira a volver algún día.

Mi patria chica #16

Por Grecco Antoniewicz

¿Dónde estás?
Mi corazón roto, las pupilas dilatadas, la vista fija, quieta, sin palabras…
¿Dónde te has metido?
Tantas pisadas por el mundo entero dejando las huellas por si huele a mi soledad.
Si eres femenina, pienso que te quería, aunque ese sentimiento a menudo se aleja en el tiempo.
Tu masculinidad me hizo la cáscara arrugada y dura. Me convierte en un personaje que no quiere quererte por tu caradura.
Pequeña o grande, sin importar el tamaño, apareciste en mi vida para acompañarme, pero me echaste a patadas en plena primavera.
Desde aquel verano ya me rodea tu compañera, dando saltos en la tierra lejana.
Me habla, me escucha, seca mis lágrimas… cuando tú callada, de nuevo me atacas e insultas.
Solo quieres que te sirvan, los pilares son la obediencia y una especie de tortura.
A la gente como yo se le acusa por no poder cumplir tus absurdos mandados.
Mi patria chica rodeada de las alas alegres me invitó hace ya varios años con la mente abierta y con la flor en la mano.
¿Envidias mi nueva amante?
No te odio, ni te siento. Se terminó nuestro romance.
Mi patria empieza con la H.
Y tú enfadada por perder a un esclavo, que simplemente quiere vivir digno y libre de lo que hace.

Recuerdos #19

RECUERDOS DE MI VIDA
Por B. S.

Mi madre se divorció, mi padre desapareció. Mi madre empezó de nuevo cuando yo tenía doce años. En una nueva vida con un nuevo padre casi desastre. Vivimos juntos: yo, celosa; él, como un rey; mi madre, entre nosotros. Más de tres años en un estudio pequeño, en un país nuevo, en un colegio nuevo, con nuevos malos compañeros que se burlaban de mí cada día. Mi juventud con mis hormonas, con muchas lágrimas y vergüenza porque no era una de ellos. Porque soy rumana y hablaba húngaro.
Un día, después de tres años de tristeza, llegué a casa enfadada. Me senté y decidí. ¡Basta! No quise más dolor. Empecé mi guerra, peleé, grité y no abandoné. Al final, ¡gané!

Recuerdos #18

Por J. K.

Recuerdos de mi vida

A través de él podías ver el mundo maravilloso.
Era como un espejo rojo, translúcido
un lolipop grande y redondo,
una vida dulce.

Arena blanca y caliente, castillos con palos de arbusto,
casas sobre sus cabezas, 
personas sin cuello, 

saltos altos sobre una goma elástica.

Fue un dibujo con una flor,
de él para mí, su mujer pequeña.
Y su pérdida,
como la descarga de un rayo
que corta el cielo claro.

Y la tierra se está moviendo…

A través de ellas
puedes oír un mundo único
traen sonidos tranquilizantes
las conchas de porcelana,
perlas blancas del mar.

Llenaron los bolsillos con recuerdos
Acercaron miradas de filtro adecuado
Habilitan las citas cara a cara con el sol
Probaron luchas por la prioridad
con el viento, que tiene dos caras.

Una llegada hasta los bordes no descubiertos
hasta los labios llenos

Danza con estos sonidos, danza con este destino.

Recuerdos #17

RÁFAGAS DE RECUERDOS DE UNA VIDA
Por Wojciech Sieminski

El olor de la primavera.
La nieve derritiéndose en la calle.
Mi hermano menor en una cuna.
El olor de un suelo pulido.
Abrazos. Besitos.
La voz de mi mamá.
El amor en los ojos de mi papá.

Todo el mundo en sus brazos…

El olor de su pelo.
Dos trenzas doradas.
Su falda de rayas.
Un rayo dorado de sol a través del cristal de la ventana.
Los sueños. Los planes.
La primera carrera.
La primera chica.
El primer amor. Los primeros éxitos.

En mis brazos el mundo entero…

Una mirada profunda llena de amor.
Un largo paseo bajo la lluvia, sin palabras.
Y tan lleno de significados.
La exaltación. La excitación. El amor profundo. La fe. La esperanza.

Mi mundo todo en sus brazos…

Dos pequeñitas. Sus ojos llenos de infinita confianza, amor y admiración por ti.
Risas de alegría. Siempre y en todas partes.
Su infancia.

Todo su mundo en mis brazos…

El olor del viento, del mar, del agua y de las nubes.
La libertad. Y el romanticismo.
Nuevos horizontes, culturas, lenguajes, aventuras, esperanzas.
Y nuevas preocupaciones, peligros nuevos.

En nuestros brazos nuestro mundo pequeño, y grande.